Keith Rule era el dueño de una lavandería, un ciudadano anónimo, un rostro conocido sólo para sus vecinos de Milton Keynes. Pero de la noche a la mañana se ha convertido en la versión masculina y british de Erin Brockovich. Como ocurriera con el personaje que le valió el Oscar a Julia Roberts, con paciencia, tenacidad y constancia, mucha constancia, este británico ha ganado un juicio histórico que ha sentado precedente para sus compatriotas y todos los españoles afectados por una urbanización fantasma.
Un banco español le ha devuelto a él y a otras 46 familias el depósito que entregaron a finales de 2006 por una casa que, como muchas otras, sólo se quedó en plano. Lo que hace su caso único es que no contaba con aval. Y, bueno, tampoco contaba con conocimiento alguno de español. Después de que durante años los bufetes de abogados le cerraran las puertas y le aconsejaran tirar la toalla porque “no había nada qué hacerâ€, Keith comenzó a buscar por su cuenta información en Internet y con la ayuda del traductor de Google consiguió entender una normativa de 1968 que los propios expertos creían imposible aplicar en sus circunstancias. Después de siete años -cuatro luchando contra la promotora y la caja y otros tres batallando en los tribunales- un juez le ha dado la razón. El Supremo ya exigió en marzo pasado especial protección para los extranjeros que compren una vivienda en España.
