Mi empresa factura más de 500.000 €… pero va mal: ¿se puede salvar?
En el imaginario colectivo, una empresa que factura más de medio millón de euros al año debería ir bien. Sin embargo, la realidad empresarial demuestra justo lo contrario: muchas empresas con alta facturación están en serios problemas, incluso con deudas superiores a su activo. La pregunta clave no es cuánto se factura, sino cuánto se gana, cómo se gestiona y cuánto oxígeno financiero queda. Este artículo está dirigido a empresarios, socios y directivos que se encuentran en esa situación incómoda pero muy común: vender, pero no ganar.
Facturar mucho no significa ser rentable
Uno de los errores más habituales es confundir facturación con salud empresarial. Una empresa puede facturar 500.000 €, 1 millón o más y, aun así:

- Tener márgenes muy bajos
- Arrastrar costes fijos excesivos
- Cobrar tarde y pagar pronto
- Acumular deuda bancaria o fiscal
- Carecer de control real sobre sus números
Cuando esto ocurre, cada venta puede estar agravando el problema en lugar de solucionarlo.
Primer paso: diagnóstico financiero real (y sin autoengaños)
Antes de buscar inversores o soluciones milagro, es imprescindible responder con datos a estas preguntas:
- ¿Qué productos o servicios generan margen real?
- ¿Cuáles solo generan volumen?
- ¿Dónde se pierde el dinero exactamente?
- ¿Qué parte del negocio es viable y cuál no?
- ¿Cuánto tiempo de liquidez queda?
Sin este diagnóstico, cualquier inversión solo retrasará el problema.
Medidas de choque: lo que hay que hacer en los primeros 90 días
Cuando una empresa está al límite, hay que actuar rápido y con criterio:
1. Detener la sangría
- Eliminar líneas de negocio no rentables, aunque facturen
- Reducir costes fijos sin sentimentalismos
- Renegociar alquileres, proveedores y financiación
2. Recuperar liquidez
- Ajustar precios donde sea posible
- Facturar y cobrar antes
- Incentivar pagos adelantados
- Vender activos improductivos
3. Reenfocar las ventas
- Menos volumen, más margen
- Priorizar clientes rentables
- Simplificar la oferta
Muchas empresas no fracasan por falta de ventas, sino por vender mal.
¿Y los inversores? No todos valen
Uno de los errores más peligrosos es pensar que un inversor solucionará el problema.
Lo que normalmente NO funciona
- Fondos de inversión tradicionales
- Capital riesgo clásico
- Inversores sin implicación operativa
Estos perfiles no invierten en empresas endeudadas sin crecimiento claro.
Opciones realistas para salvar el negocio
1. Socio industrial (la opción más efectiva)
Empresas del mismo sector o complementarias que aportan:
- Clientes
- Economías de escala
- Capacidad de gestión
- Estructura comercial
A veces implica ceder control, pero salva empresas y empleos.
2. Financiación pública inteligente
En España existen instrumentos como los préstamos participativos, que:
- No exigen avales personales
- Se adaptan a los resultados
- Refuerzan fondos propios
Eso sí, requieren un plan de viabilidad creíble.
3. Reestructuración legal a tiempo
Si la deuda supera al activo, actuar pronto es clave:
- Negociación con acreedores
- Quitas y esperas
- Protección del administrador
El verdadero error no es reestructurar, sino esperar demasiado.
La pregunta decisiva
La cuestión no es:
“¿Dónde consigo dinero?”
La cuestión es:
“¿Este negocio, bien ordenado, puede ser rentable?”
Si la respuesta es sí, existen caminos. Si la respuesta es no, cerrar ordenadamente también es una decisión empresarial inteligente.
Conclusión
Una empresa que factura más de 500.000 € no está muerta por definición. Pero necesita diagnóstico, decisiones firmes y acción rápida. El tiempo, en estos casos, no es un aliado. La claridad, sí.






