¿Creía Albert Einstein en Dios? Esta fue su verdadera respuesta
La relación de Albert Einstein con la religión continúa provocando debates. Algunas personas lo presentan como creyente y otras como ateo, pero su pensamiento no encaja completamente en ninguna de esas posiciones.
En abril de 1929, el rabino neoyorquino Herbert S. Goldstein le preguntó por telegrama: «¿Cree usted en Dios?».
Einstein respondió que creía «en el Dios de Spinoza, que se revela en la armonía de todo lo existente», pero no en una divinidad preocupada por el destino y los actos humanos.
¿Qué significa el Dios de Spinoza?
Baruch Spinoza, filósofo neerlandés del siglo XVII, no concebía a Dios como un ser separado del universo que escuchara oraciones, realizara milagros o administrara premios y castigos.
Para Spinoza, Dios y la naturaleza constituían una misma realidad infinita, sometida a un orden necesario. Einstein utilizaba esta idea para expresar su admiración ante un universo gobernado por leyes que la ciencia puede intentar comprender.
Su sentimiento religioso estaba relacionado con el asombro ante el cosmos, no con la creencia en un Dios personal que interviniera en la vida cotidiana.
Einstein rechazó la imagen de una divinidad que vigilara y juzgara las acciones humanas. Tampoco creía en la inmortalidad individual. Sin embargo, no siempre se identificaba con la etiqueta de ateo y llegó a describirse como agnóstico o como un «no creyente profundamente religioso».
Un conocido texto falsamente atribuido
En Internet circula un largo discurso presentado como una explicación del Dios de Spinoza. Comienza ordenando «dejar de rezar» y anima a disfrutar de la naturaleza, el amor y la libertad.
El texto puede recordar superficialmente algunas ideas del filósofo, pero no fue escrito por Spinoza ni por Einstein. No aparece en sus obras o documentos conocidos y se trata de una composición moderna de autoría incierta.
La respuesta auténtica del físico fue mucho más breve: admiraba la armonía racional de la naturaleza, pero no creía en un Dios personal ocupado de nuestros actos y destinos.







