Vivir con dos metros cuadrados menos por persona podría reducir drásticamente las emisiones de los edificios europeos
Un estudio europeo concluye que aprovechar mejor el espacio residencial puede resultar más eficaz que algunas soluciones tecnológicas, aunque no significa reducir por decreto el tamaño de todas las viviendas
Europa lleva años apostando por aislar mejor los edificios, sustituir las antiguas calderas, instalar bombas de calor y aumentar el uso de las energías renovables. Sin embargo, una investigación europea señala otro factor mucho menos comentado que podría tener un impacto todavía mayor: la cantidad de superficie residencial utilizada por cada persona.
El estudio plantea que una reducción media de apenas dos metros cuadrados de vivienda por habitante podría contribuir significativamente a disminuir las emisiones contaminantes generadas por el sector de la construcción.
La conclusión puede resultar polémica, especialmente en países como España, donde el acceso a una vivienda digna ya constituye uno de los principales problemas sociales. No obstante, los investigadores no proponen quitar metros cuadrados a las casas existentes ni obligar a las familias a vivir hacinadas.
La idea consiste en diseñar viviendas más eficientes, evitar espacios desaprovechados y adaptar mejor el tamaño de los inmuebles a las necesidades reales de quienes los ocupan.
Los edificios generan cerca del 40% de las emisiones europeas
Los edificios son responsables de aproximadamente el 40% de las emisiones de dióxido de carbono de la Unión Europea si se considera todo su ciclo de vida.
La huella ambiental de una vivienda no comienza cuando se enciende la calefacción. Antes de que una familia entre a vivir en ella ya se han generado emisiones durante la extracción de materias primas, la fabricación del cemento y el acero, el transporte de materiales y el propio proceso de construcción.
Posteriormente se añaden las emisiones relacionadas con la climatización, la iluminación, el mantenimiento, las reformas y, finalmente, la demolición del edificio.
Cuanto mayor es una vivienda, más materiales requiere su construcción y más energía suele necesitar para calentarse, refrigerarse y mantenerse en buenas condiciones.
Por este motivo, mejorar el aprovechamiento del espacio puede reducir simultáneamente las emisiones incorporadas en los materiales y las producidas durante la utilización del inmueble.
Una herramienta analiza alrededor de 15.000 tipos de edificios
La investigación fue desarrollada dentro de un proyecto encargado por la Comisión Europea y contó con la participación de la Universidad Tecnológica de Graz, en Austria, junto con otras instituciones europeas.
Para realizar las simulaciones, los investigadores desarrollaron una herramienta denominada PULSE-EU, capaz de representar la evolución del parque inmobiliario europeo y calcular sus emisiones.
El modelo contempla aproximadamente 15.000 tipos de edificios y tiene en cuenta factores como su antigüedad, tamaño, materiales, sistema de calefacción, consumo energético, ritmo de rehabilitación y posible demolición.
A partir de estos datos se compararon diferentes escenarios hasta 2050.
Entre las medidas estudiadas se encuentran:
- La rehabilitación energética de los edificios existentes.
- La sustitución de sistemas de calefacción basados en combustibles fósiles.
- La instalación de fuentes de energía renovable.
- El empleo de materiales con una menor huella de carbono.
- La prolongación de la vida útil de los inmuebles.
- La reducción de la superficie residencial media utilizada por persona.
Los resultados muestran que ninguna medida aislada será suficiente para cumplir los objetivos climáticos europeos. Será necesario combinar la rehabilitación, las energías limpias y la mejora del aprovechamiento del espacio residencial.
¿Por qué dos metros cuadrados pueden marcar la diferencia?
Dos metros cuadrados parecen una cantidad insignificante cuando se observan en una sola vivienda. Sin embargo, el efecto cambia completamente cuando se multiplica por cientos de millones de habitantes.
Una reducción media de dos metros cuadrados por persona evitaría la necesidad de construir una enorme cantidad de superficie residencial adicional en Europa.
Esto supondría utilizar menos hormigón, acero, vidrio, ladrillos, aislamiento y otros materiales. También reduciría el consumo energético necesario para climatizar los edificios durante décadas.
El planteamiento no requiere necesariamente construir habitaciones más pequeñas. La misma reducción media puede conseguirse aprovechando viviendas actualmente infrautilizadas.
Por ejemplo, una persona mayor puede permanecer sola en una casa familiar demasiado grande después de que sus hijos se hayan independizado, mientras una familia joven tiene dificultades para encontrar un inmueble adecuado.
Facilitar el intercambio de viviendas, ofrecer alternativas accesibles para personas mayores o rehabilitar grandes inmuebles para crear varias viviendas permitiría aprovechar mejor el parque inmobiliario sin reducir la calidad de vida.
No se trata de vivir hacinados
El resultado de la investigación podría interpretarse de forma simplista como una recomendación para construir viviendas cada vez más pequeñas. Pero reducir la superficie media por habitante no significa necesariamente empeorar las condiciones de vida.
La clave se encuentra en la eficiencia del diseño.
Una vivienda bien distribuida puede resultar más cómoda que otra de mayor superficie con largos pasillos, habitaciones mal dimensionadas o zonas que apenas se utilizan. Los espacios comunitarios también pueden compensar una menor superficie privada mediante lavanderías compartidas, salas de reuniones, zonas de trabajo, jardines o espacios para guardar bicicletas.
El problema aparece cuando la reducción del tamaño se aplica únicamente para aumentar la rentabilidad inmobiliaria, sin mejorar el diseño ni abaratar el precio de la vivienda.
Construir pisos más pequeños y venderlos al mismo precio no representa una política climática, sino una reducción de las condiciones de habitabilidad.
Por ello, cualquier medida relacionada con el tamaño de las viviendas debería mantener unos estándares mínimos de espacio, ventilación, iluminación natural, privacidad y accesibilidad.
Una medida difícil de aplicar en plena crisis de vivienda
La propuesta llega en un momento especialmente delicado. Muchas ciudades europeas sufren una grave escasez de vivienda asequible y miles de jóvenes no pueden emanciparse.
En este contexto, pedir a la población que viva en menos espacio podría generar un rechazo comprensible.
Además, la superficie disponible se encuentra distribuida de manera muy desigual. Mientras algunas personas viven en viviendas que superan ampliamente sus necesidades, otras familias ya habitan inmuebles demasiado pequeños.
Por tanto, una política de suficiencia residencial no debería aplicar la misma solución a todos los ciudadanos. Resultaría más razonable actuar sobre las viviendas vacías, las segundas residencias, los edificios infrautilizados y las nuevas promociones sobredimensionadas.
También sería necesario facilitar que las personas puedan cambiar de vivienda cuando sus circunstancias familiares varíen, sin que ello suponga asumir un alquiler más caro o abandonar su barrio.
Rehabilitar antes que demoler
El estudio también refuerza la importancia de conservar y rehabilitar los edificios existentes.
Derribar una construcción para levantar otra nueva puede mejorar la eficiencia energética durante su utilización, pero también genera una elevada cantidad de emisiones por la fabricación de nuevos materiales y la gestión de los residuos.
En numerosos casos resulta más sostenible modernizar el edificio, mejorar su aislamiento, sustituir los sistemas de climatización y adaptar su distribución interior.
Las emisiones asociadas a los materiales están adquiriendo una importancia creciente. A medida que la electricidad procede de fuentes más limpias y los edificios consumen menos energía, la contaminación generada durante su construcción representa una proporción cada vez mayor de su huella ambiental total.
Hasta un 90% menos de emisiones en el escenario más ambicioso
Las simulaciones realizadas con PULSE-EU indican que el sector europeo de los edificios podría reducir sus emisiones hasta un 90% en 2050 dentro del escenario más ambicioso.
Para acercarse a esa cifra sería necesario acelerar considerablemente las rehabilitaciones, abandonar progresivamente los combustibles fósiles, emplear energías renovables y reducir las emisiones de los materiales de construcción.
También habría que detener el aumento continuado de la superficie residencial por persona.
El estudio no presenta los dos metros cuadrados como una solución milagrosa, sino como parte de una estrategia mucho más amplia. Su principal aportación consiste en demostrar que la eficiencia energética no depende únicamente de instalar más tecnología.
Una vivienda puede disponer de paneles solares, un aislamiento excelente y una moderna bomba de calor, pero seguirá necesitando más materiales y energía si es mucho mayor de lo que realmente necesitan sus habitantes.
Construir mejor y aprovechar lo que ya existe
La investigación plantea una cuestión incómoda pero relevante: Europa no solo debe preguntarse cómo construir edificios más ecológicos, sino también cuánta superficie necesita construir.
El objetivo no debería consistir en obligar a las personas a vivir en espacios mínimos. Se trata de crear viviendas adecuadas, asequibles y bien diseñadas, evitando el desperdicio de superficie y aprovechando mejor los millones de edificios que ya existen.
Reducir dos metros cuadrados de superficie media por habitante puede parecer un gesto pequeño. Aplicado a toda Europa, sin embargo, podría evitar millones de toneladas de materiales y una enorme cantidad de emisiones durante las próximas décadas.
La solución al impacto ambiental de la vivienda no pasa simplemente por hacer las casas más pequeñas, sino por construir menos cuando no sea necesario, rehabilitar más y distribuir mejor el espacio disponible.
Fuentes consultadas: Investigación europea difundida por la Universidad Tecnológica de Graz, documentación sobre la huella climática de la construcción residencial y artículo de referencia publicado por El Confidencial.



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