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El historiador que desmonta el mito de los “años del hambre”: la hambruna como herramienta de control en la España franquista

Durante décadas, el relato oficial del franquismo consiguió fijar en la memoria colectiva una idea aparentemente incuestionable: que los llamados “años del hambre” fueron una consecuencia inevitable de la Guerra Civil. Un periodo duro, sí, pero explicado como una fatalidad histórica. Sin embargo, nuevas investigaciones cuestionan de raíz ese discurso y apuntan a una realidad mucho más incómoda.

El historiador Miguel Ángel del Arco Blanco sostiene que España no atravesó simplemente una época de escasez, sino una hambruna provocada y sostenida por decisiones políticas. Así lo expone en su libro La hambruna española, donde desmonta uno de los mitos centrales del franquismo y plantea una tesis contundente: el hambre no fue solo una tragedia, sino también una forma de control social.

📚 Una hambruna negada y silenciada

Entre 1939 y 1951, millones de españoles vivieron bajo el sistema de cartillas de racionamiento. La dieta básica se redujo a pan, legumbres y productos de muy bajo valor nutricional. Hambre hubo, sin duda. Pero, según Del Arco Blanco, lo que se vivió fue algo más profundo y devastador: una hambruna masiva, ocultada deliberadamente por el régimen.

El franquismo nunca utilizó oficialmente términos como “hambruna” o “años del hambre”. En su lugar, construyó una narrativa cambiante para justificar la escasez: primero la guerra civil, después el aislamiento internacional y, más tarde, la supuesta “pertinaz sequía”. Argumentos distintos, pero con un mismo objetivo: desviar la responsabilidad política.

“Para que un mito funcione, debe tener una parte de verdad”, explica el historiador. La guerra había existido, el país estaba dañado, pero esas causas no explican por sí solas más de una década de hambre estructural.

⚖️ Políticas que matan: el hambre como decisión

Según la investigación, la hambruna no fue un efecto colateral inevitable, sino el resultado de políticas económicas y sociales concretas. El control de los alimentos, su distribución desigual y el favoritismo hacia las clases afines al régimen convirtieron la comida en un instrumento político.

Quienes tenían mejor posición social o cercanía ideológica al franquismo accedían a más recursos. Los vencidos, las clases populares y los sectores marginados sufrían la peor parte. El alimento se transformó en un mecanismo de recompensa y castigo.

Del Arco Blanco traza paralelismos inquietantes con otras hambrunas bajo regímenes dictatoriales, como el Holodomor ucraniano o la hambruna tras la guerra civil soviética. En todos los casos, la escasez extrema estuvo ligada a sistemas autoritarios y al control del poder.

📰 Censura y negacionismo

La censura fue una pieza clave del engranaje. Hablar de hambre estaba prohibido en la prensa. Incluso se vetaban noticias deportivas si coincidían con momentos de especial carestía, para evitar el malestar social.

Como resultado, alrededor de 200.000 muertes por inanición quedaron enterradas bajo el silencio oficial y la deformación de la realidad. La hambruna no solo fue ignorada, sino activamente borrada del discurso público.

🧠 Hambre y control social

El hambre no solo debilita el cuerpo. También erosiona la moral, genera miedo y, sobre todo, desmoviliza. Cuando la supervivencia diaria se convierte en la principal preocupación, pensar en política deja de ser una opción.

“Franco comprendió muy pronto que una población derrotada, empobrecida y preocupada por lo material era una población controlada”, afirma el historiador. El régimen creó un sistema profundamente corrupto que enriqueció a los afines mientras mantenía a la mayoría en la precariedad.

Desde el punto de vista económico, fue un fracaso. Desde el político, un éxito rotundo.

🧬 Las huellas del hambre

Las consecuencias de la hambruna no desaparecieron con el fin del racionamiento. Del Arco Blanco distingue dos tipos de huellas: la biológica y la cultural.

En el plano biológico, los datos son claros. La desnutrición afectó al crecimiento físico. Estudios basados en los registros de la mili muestran cómo descendió la estatura media de los varones durante la posguerra, con diferencias significativas entre barrios ricos y pobres.

En el plano cultural, la memoria del hambre pervive en gestos cotidianos: despensas llenas, rechazo a tirar comida, recetas nacidas de la necesidad. Potajes humildes, pan de maíz o de algarroba, platos que hoy se recuerdan como tradición, pero que nacieron de la escasez.

🌍 Hambrunas ayer y hoy

El historiador establece paralelismos con hambrunas actuales, como la de Gaza. Todas comparten un patrón: la negación. Quien muere de hambre suele hacerlo en silencio, en su casa, muchas veces por enfermedades derivadas de la desnutrición y no por inanición directa.

Esto dificulta el recuento de víctimas y alimenta el negacionismo. Las muertes invisibles quedan fuera del relato.

🕯️ Memoria pendiente

Integrar la hambruna en el relato nacional sigue siendo complicado. La Guerra Civil y el franquismo continúan dividiendo a la sociedad española. Mientras otras violencias cuentan con espacios de memoria, la hambruna permanece dispersa, oculta, sin un reconocimiento claro.

“La mayor preocupación no es si los mitos perduran, sino el olvido de las víctimas”, reflexiona Del Arco Blanco. Recordar el hambre no es solo un ejercicio histórico: es una cuestión de justicia y memoria.

En DedoDigital, contar estas historias forma parte del compromiso con una mirada crítica sobre el pasado, convencidos de que solo comprendiendo lo ocurrido se pueden desmontar los silencios que aún perduran.

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