El Telégrafo óptico es un invento de hace varios siglos que en cierto modo podría considerarse el equivalente al correo electrónico de hoy en día, aunque sus limitaciones son evidentes a simple vista: transmitía tan solo el equivalente a unos dos bits por segundo, entre puestos situados a un máximo de diez kilómetros. En la baja tecnología utilizada en su construcción se empleaban, literalmente, palos, piedras, metales y algunos rudimentarios instrumentos ópticos para ver a gran distancia.
Si bien desde la más remota historia hay ejemplos en cierto modo equivalentes de envío de «señales visuales» a distancia, las torres de telégrafos ópticos como tales comenzaron a funcionar a finales del siglo XVII.