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Las cifras no dejan lugar a dudas. España sigue siendo un país atípico, al menos en cuanto a impuestos se refiere. Bruselas acaba de cocinar las estadísticas de presión fiscal, recaudación y gasto público de toda Europa y la foto de España es diferente a la de la mayoría de nuestros socios, puede decirse que es una foto que sale movida.

Nuestro país es el que tiene los impuestos más altos, con la honrosa excepción de Bélgica y Suecia, que penalizan todavía más las rentas del trabajo y el capital. El máximo en el IRPF llega al 56% en comunidades como Cataluña, el impuesto de sociedades grava más de lo que lo hace en Suecia, Alemania o Reino Unido y el IVA por su parte es uno de los más altos de Europa con diferencia. Además, se han creado multitud de tasas por utilizar servicios públicos que lo que provocan es asfixia en el ciudadano y en las empresas. El think tank Fedea señala que España, por ejemplo, solo recauda por impuesto de la Renta el 7,4% del PIB, mientras que la media de la UE supone el 9,2%, aunque el tipo medio es mucho menor.

Pero esta enorme presión fiscal no se traduce en recaudación. Los ingresos tributarios obtenidos por el Estado supusieron el 37,1% de la riqueza del país, el PIB anual, en el ejercicio de 2012. Solo Irlanda, que puede considerarse un pseudo paraíso fiscal, y Eslovaquia, con un tipo máximo en el IRPF del 19% y del 22% en sociedades, ingresan menos dentro del marco de la moneda común, según datos de la oficina estadística europea, Eurostat.

Como han denunciado numerosos economistas, esto quiere decir que el sistema fiscal es ineficaz y un tanto hipócrita. Los impuestos son formalmente muy altos pero al mismo tiempo hay un montón de deducciones que reducen el tipo efectivo y luego hay que tener en cuenta el elevado fraude que existe en el país, impulsado por una enorme economía sumergida.

Sirva como referente para comparar el caso de Portugal y Grecia. Atacadas por la misma crisis de la periferia que España, tienen una recaudación varios puntos superior. El Estado luso recauda el 40,9% de su PIB en impuestos, mientras que Atenas alcanza el 44,6%.

Los grandes países de la UE, nuestros espejos para compararnos, recaudan mucho más con tipos más bajos. Alemania ingresa el 44,8% de su PIB; Francia alcanza el 51,8%, y Reino Unido se sitúa en el 41,8%. La media de la zona euro se coloca en el 46,3%, casi diez puntos por encima de España, mientras que en el conjunto de la UE tiene un peso del 45,4%.

La debilidad de los ingresos de nuestro Estado provoca que el gasto público para atender las necesidades de los ciudadanos sea de los más bajos de Europa y que aun así el déficit anual y la deuda pública sean desorbitados. El volumen de gasto público alcanzó el 47,8% del PIB en 2012. La media de la Unión Europea fue del 49,3%, y la de la zona euro supuso el 49,9% del PIB. La cifra española es similar a la de Reino Unido (47,9%), pero, extrañamente, superior a la de Alemania, donde se situó en el 44,7%.

Otro tema con miga es cómo o en qué se gasta ese dinero público. En España casi todo se destina a gasto y muy poco a inversión. Y de ese gasto mucho es corriente, superfluo e ineficiente. Es dinero para sostener a una administración pública sobredimensionada, esclerotizada e ineficiente. Alemania tiene en proporción a su población, PIB y recaudación muchísimos menos empleados públicos y políticos que mantener, por ejemplo. El Gobierno prepara para primavera un cambio de todo el sistema de impuestos, el enésimo en democracia, que es necesario. Pero de poco valdrá si no se aborda de una vez y al mismo tiempo otra manera de administrar el dinero.

IDNet Noticias

 

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