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Es la lengua del futuro, aunque nos cueste horrores aprenderla. Hablar chino significa conectarse con la sexta parte de la población y llamar a la puerta de uno de los mercados con mayor potencial del mundo. El problema está en su alfabeto. Se dice que se necesitan entre 2.000 y 3.000 caracteres para asistir a una clase en la universidad, 1.000 para leer un libro y 80 para entender la carta de un restaurante o localizar la salida en un aeropuerto.

Pero que no cunda el pánico: ha llegado Chineasy, un método de enseñanza que intenta superar la barrera del alfabeto. Fue creada por ShaLan, una londinense nacida en Taipei, cuya única obsesión es “unir a Oriente y Occidente” y desmontar el mito de que es la lengua más difícil del mundo. Parece que no va mal encaminada…

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