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Hace tres generaciones que la familia Gorgot recorre los bosques montañosos del Alto Ampurdán catalán quitando la corteza de corcho del alcornoque, un trabajo ancestral que ha tomado un nuevo impulso después de que, hace apenas un par de años, muy pocos apostaran por su supervivencia.   El resurgimiento llegó de la mano de los técnicos de laboratorio que han reforzado los controles de calidad de los tapones de corcho, reduciendo casi a cero los problemas de mala calidad que habían dañado su reputación.

“Tenemos un agradecimiento total a los laboratorios, que nos reconozcan que el corcho tiene ventajas frente a otros competidores es muy bueno para el mercado, ojalá hagan más pruebas”, dice Antonio Gorgot, que a sus 53 años ya acumula 26 como sacador de corcho, profesión heredada de padre y abuelo. Puedes leer aquí, el artículo completo.

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